Benjamín Farrington, en su Obra “Ciencia y política en el mundo antiguo", relata el Caso del profesor alemán Ernst Haeckel, el cual ‘‛al poner de relieve la posibilidad de aplicar al hombre la teoría de Darwin sobre el origen de las especies, descubrió que se había transformado de científico puro en hombre político". Sabida es la oposición que, por revolucionaria, encontró la teoría de la evolución -aparecida en l859- en los estamentos más conservadores de la sociedad, empezando por la Iglesia y los gobiernos.

Haeckel, cuenta Ferrington, formaba parte de las clases superiores y nunca había experimentado un especial interés por los problemas sociales. Solo la experiencia le reveló, y la revelación le dejó perplejo hasta el día de su muerte, que una defensa pública y comprometida de sus puntos de vista científicos era una forma de acción política que daba lugar a enconadas controversias, y que esto lo convirtió en héroe de un partido político y en objeto de sospecha por parte de otro.

En nuestra España, en nuestra Estepona, muchos luchamos por la escolarización total, la sanidad, los precios, el desempleo y otros problemas ciudadanos concretos. ¿Quién puede negar que está a favor de que se solucionen?. Seguramente nadie. ¿Quién lucha abiertamente por su solución?. Unos pocos, ¿,Cuál es la razón?

Incluso en la más oscura dictadura se permite que un ciudadano trabaje en la defensa de sus intereses inmediatos. Mientras actúe solo no habrá problema. Este hombre acabará por solucionar SU problema o por desistir, pero el sistema quedará intacto. Sin embargo, ese puede vislumbrar la posibilidad de unirse a otros hombres con el mismo o análogo problema. En este caso, aun tratándose de un hombre “que no se mete en nada" acabará por hacer política. Aprenderá que la defensa de sus intereses, llevada de forma honesta y consecuente, le hará meterse en política.

Entonces el ciudadano encontrará la oposición organizada de la maquinaria de la reacción. Quizá encuentre la dureza de la represión y la amargura del fracaso. Pero, como dijo el abogado Joaquín Martínez en una Conferencia en el Centro Cultural de Estepona, la lucha ciudadana es una sucesión de fracasos en los que se forjará inevitablemente la victoria final.

Para los enemigos del movimiento ciudadano, el mayor peligro no es que los vecinos luchen por un problema concreto -por ejemplo el precio del pan o el servicio telefónico- sino que descubran que la raíz de muchos problemas aparentemente distintos, es la misma: la existencia de un sistema en el que los intereses del pueblo cuentan menos que los de unos pocos. El descubrimiento de esta realidad convertirá a ciudadanos corrientes en hombres políticos.

 

Tomás Hormigo Rodríguez. Artículo Publicado en el boletín del Centro Cultural de Estepona en Octubre de 1977

 

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